Tarde de abril
Era una cálida tarde de abril, soplaba el viento, el verano ya se iba y en ese instante las dos niñas no sabían lo inmensamente felices que eran. Risas por aquí, risas por allá. - ¡Annie ya te encontré! - decía gritando Corina - Ahora me toca contar a mí, mientras que tu te escondes - respondió Annie - A ver, 1,2,3,4.....ya voy para allá así que prepárate - la verdad es que Annie no sabía contar más allá de 4 que era el número de velas que había contado en su último cumpleaños. - A ver ¿dónde estarás? ¿estarás detrás de este árbol o de aquel arbusto? espero que no te hayas metido en la hiedra, porque sino te va a picar hasta decir basta - - Ay creo que ya me pica todo el cuerpo - decía angustiosamente Corina - Esta es la segunda vez que te metes en ese arbusto de la hiedra, vamos Corina, a ver si mamá te puede poner un ungüento para ese rasca rasca. La voz de la mamá interrumpió abruptamente su juego. Annie, Corina, lávense ya las manos...