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Mostrando las entradas de marzo, 2015

La Pasión de Antonieta

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Antonieta y  Germán entraron al comedor del trabajo a cenar. En ese horario en la oficina había poco personal trabajando así que tenían todo el salón solo para ellos. Antonieta se sentía feliz de estar con Germán departiendo en la cena. Así que habían de conversar, pensaba ella, de todo este tiempo perdido sin verse y se sonreirían y bromearían. ¡Qué felicidad, pensaba ella! –en su mente. Se sentaron y pidieron el menú de la carta. Pero la realidad supera por mucho a la fantasía y lo que nunca pensó que pasaría, pasó como en una de sus peores pesadillas. Se abrió la puerta del comedor y entró una mujer despampanante, elegantemente vestida, bien maquillada con un peinado de ensueño y muy bonita aunque Antonieta se resistiera a creerlo. Tal vez sería que Antonieta tuviera una baja autoestima. Pero se sintió mas y mas pequeña a medida que la mujer avanzaba con su caminar de modelo hacia ellos y luego pasaba por su costado. Antonieta vio como a Germán se le abrían los ojos y s...

Elsa, la niña que quería pintar

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Era un atardecer precioso, los rayos del sol ya atenuados por la caída del sol brillaban con sus mágicos colores carmesí. El día había sido muy largo y Elsa solo quería descansar pues se había quedado hasta muy tarde en el colegio asistiendo a unas clases particulares de recuperación, pues los compañeros de su misma edad ya sabían multiplicar mientras que a ella, aún  la suma se le hacía muy difícil. Una cosa inconsistente a su edad pero que a su mamá se le había metido entre ceja y ceja. ¡Elsa ya deja de mirar al cielo y vamos ya a la casa! – le dijo su mamá Ya voy mamá, ¿pero, que no ves que bonito se ve el cielo? Lleno de luces y colores, yo ¡como quisiera pintarlo! – suspiró Elsa Elsa no empieces, ahora vamos a casa, que tienes que hacer tu tarea de matemáticas – replicó su mamá Está bien – respondió bajando los hombros y cruzando los brazos Su casa quedaba a pocos metros de la escuela, así que llegaron rápido. Mientras su mamá terminaba de cocinar, ella aprovech...

Cría cuervos y te sacarán los ojos

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Sentado en un rincón, con los hombros caídos y el corazón desgarrado por la zozobra de lo perdido. Así estaba el abuelo perdido en sus pensamientos. -¿Qué le pasa abuelo? ¿Dónde está su inquilino?- preguntó la nieta. -¡Ja, mi inquilino, ya se fue y encima me robó! – respondió el abuelo -¿Qué ocurrió?- inquirió ella tratando de advertir lo que había acontecido. Dos días atrás…….. ¡Viejo, alguien toca la puerta! – indicó la anciana ¡Ya voy! – exclamó  el abuelo El anciano, caminó hacia la puerta con lentitud pues tenía las secuelas que le habían dejado un derrame cerebral de muchos años atrás que le había dejado la pierna derecha casi paralizada. ¡Hola! ¿Cómo estás? ¡Adelante, adelante, a los años vienes a visitarme! ¿Y con quién vienes? ¡Ah, ya veo que tuviste tu hijito! Si tío, vine con mi pareja y con mi bebé de 6 meses – señaló Ruperto Ruperto era un joven de mediana estatura y de cabello negro, tan negro como su pasado, cejas gruesas y con cierta aparien...

El baile de Pablito

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Pablito es un niño muy travieso y juguetón, a él le encanta manipular todo lo que está a su alcance, aún cuando todo lo que toque no sean necesariamente sus juguetes. Pablito tiene tal sentido de socialización y de vivir en comunidad, que a él siempre le gusta estar rodeado de gente o  saluda a las personas de una forma muy particular agarrando a las señoras de la mano o dando unas palmaditas en el hombro a los señores, ya que como no sabe hablar esa es su forma de expresarse. En las espaciosas calles de Comas, donde hay estacionamientos vacíos, los niños generalmente realizan deporte o tienen clases de baile o circulan los carros con instructores que enseñan clases de manejo a conductores novatos.  Uno de los días del mes de setiembre cuando el clima estaba templado, Pablito se paró a ver a unos jóvenes que ensayaban una danza folklórica en medio de la calle y quiso bailar con ellos. Vamos Pablito, ¡que ritmo y salero tienes! baila, baila como un trompo, dobla los ...