Cría cuervos y te sacarán los ojos

Sentado en un rincón, con los hombros caídos y el corazón desgarrado por la zozobra de lo perdido. Así estaba el abuelo perdido en sus pensamientos.
-¿Qué le pasa abuelo? ¿Dónde está su inquilino?- preguntó la nieta.
-¡Ja, mi inquilino, ya se fue y encima me robó! – respondió el abuelo
-¿Qué ocurrió?- inquirió ella tratando de advertir lo que había acontecido.

Dos días atrás……..
¡Viejo, alguien toca la puerta! – indicó la anciana
¡Ya voy! – exclamó  el abuelo
El anciano, caminó hacia la puerta con lentitud pues tenía las secuelas que le habían dejado un derrame cerebral de muchos años atrás que le había dejado la pierna derecha casi paralizada.
¡Hola! ¿Cómo estás? ¡Adelante, adelante, a los años vienes a visitarme! ¿Y con quién vienes? ¡Ah, ya veo que tuviste tu hijito!
Si tío, vine con mi pareja y con mi bebé de 6 meses – señaló Ruperto
Ruperto era un joven de mediana estatura y de cabello negro, tan negro como su pasado, cejas gruesas y con cierta apariencia de tranquilidad que no se podía sospechar sobre sus intenciones.
Tío le presento a mi novia Gregoria y este es mi bebé Inocencio – indicó Ruperto
Gregoria era una muchacha bastante joven de cara redonda y de tez trigueña.
La esposa del anciano se acercó a conversar con los recién llegados.
Dime hijita, ¿ya te casaste con Ruperto?- preguntó la anciana
No, todavía estamos en eso – respondió Gregoria
¿Y cuéntame cómo se conocieron? – indagó la anciana
Bueno, yo viajaba en la combi (carro que se usa para el transporte en Lima, Perú) y Ruperto nunca me cobraba el pasaje hasta que una vez se acercó a hablarme y me invitó a salir y el resto es historia – contó Gregoria.
Tío quisiera hablar contigo afuera en la puerta – dijo Ruperto tomando al bebé en brazos y dirigiéndose a la puerta. El anciano lo acompañó.
Tío, vine a pedirte un favor, necesitamos donde quedarnos, ¿Podría alojarnos por favor? – suplicó el joven.
¿Dónde podría alojarte Ruperto? No tenemos espacio, tan solo tenemos nuestro dormitorio, esta sala, la cocina el baño y la lavandería y el otro dormitorio lo ocupa tu otro tío y todo está ocupado, no podría alojarte aunque quisiera, lo siento mucho – expresó el anciano
Bueno, aunque sea por una sola noche, tío no sea malo – dijo Ruperto
Vamos a ver si tu otro tío al que tenemos por inquilino va a venir a dormir, si no viene de repente se podrán quedar en su dormitorio, pero sólo por una noche y no me vuelvas a pedir para quedarte aquí, si no, no te abro la puerta la próxima vez – precisó el abuelo
Esa noche Ruperto y su familia se quedaron en la habitación del  otro tío y se fueron al día siguiente.
Después de una semana….
¡Suena el timbre!
¡Ya voy, vieja!
Ruperto, otra vez tú ¿Qué te pasa?
Tío, mi novia me ha botado de la casa y después de que le di todo el dinero de mi trabajo en La Oroya, ¿tío me podría alojar? – dijo entre lágrimas y sollozos tan falsos que cualquiera se lo creería.
Bueno sobrino pasa pues y cuéntame qué te pasó.
En la casa de mi suegra no hay intimidad y mi esposa me ha botado a la calle y no sé qué hacer.
¡Qué raro, quédate aquí hijo, que aunque somos pobres comida no te va a faltar, puedes dormir en esta hamaca, pero es solo por un tiempo hasta que consigas donde quedarte – dijo el anciano
Y al día siguiente
Hijo, hoy vas a sudar la gota gorda, toma esta camiseta que vamos a acomodar mayólicas arriba en la azotea. Toma 20 soles para que vayas a comprar thiner.
Ya tío, enseguida voy no te preocupes – respondió con presura Ruperto
El anciano se metió a la cocina.
Ruperto pensó dentro de sí. Este es el momento de la fuga. ¿Yo sudar? Está loco este viejo. Miró rápidamente que llevarse y vió un atornillador marca Bosch selladito en su caja. Bueno me llevo este atornillador y de pasada me voy con la plata. Y pensando esto abrió la puerta y salió.
El abuelo terminó de cocinar y pensaba que Ruperto se estaba demorando tanto, tan solo para comprar thiner. Asomó la cabeza y se dio cuenta de que el atornillador no estaba en su sitio. No lo podía haber soñado había dejado el atornillador allí porque iba a poner su cortina.
A las dos horas se presentó en la comisaría.
Señor comisario, me han robado y venido a poner una denuncia – dijo frustrado el anciano
Pase Señor a la oficina, lo siento pero Usted no puede hacer una denuncia porque es anciano mayor y primero tiene que pasar por el psicólogo – indicó el comisario – si quiere mañana viene con su hijo para hacer la denuncia.
Bueno comisario, así lo haré pero cómo es posible que en este país solo por ser de la tercera edad no se me permita denunciar, me parece un atropello a mis derechos, ¿si yo tuviera 10 soles me atendería?
Caballero no me falte el respeto, que lo puedo acusar de tratar de sobornar a la autoridad – replicó el policía – además seguro que no tiene 10 soles.
Regreso mañana con mi hijo, mi hijo es policía y ya se hará  cargo – Terminó el anciano.
A su casa regresó el anciano muy triste y con una rabia tan grande en el corazón por haber confiado en su sobrino al que había visto nacer.

La frase: “Cría cuervos y te sacarán los ojos” se le venía a cada rato a la cabeza.

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