La Pasión de Antonieta
Antonieta
y Germán entraron al comedor del trabajo
a cenar. En ese horario en la oficina había poco personal trabajando así que
tenían todo el salón solo para ellos. Antonieta se sentía feliz de estar con
Germán departiendo en la cena. Así que habían de conversar, pensaba ella, de
todo este tiempo perdido sin verse y se sonreirían y bromearían. ¡Qué
felicidad, pensaba ella! –en su mente. Se sentaron y pidieron el menú de la
carta.
Pero
la realidad supera por mucho a la fantasía y lo que nunca pensó que pasaría,
pasó como en una de sus peores pesadillas.
Se
abrió la puerta del comedor y entró una mujer despampanante, elegantemente
vestida, bien maquillada con un peinado de ensueño y muy bonita aunque
Antonieta se resistiera a creerlo.
Tal
vez sería que Antonieta tuviera una baja autoestima. Pero se sintió mas y mas
pequeña a medida que la mujer avanzaba con su caminar de modelo hacia ellos y
luego pasaba por su costado.
Antonieta
vio como a Germán se le abrían los ojos y su boca se quedaba abierta como si
estuviera salivando.
A
esa mujer ya la conocía Antonieta, era secretaria de Gerencia.
¡Hola!
¿Cómo estás? – se apresuró a decir Germán
¡Hola!
– respondió la mujer saludando a Germán e ignorando a la pobre Antonieta
¡Hola!
– replicó Antonieta no dándose por aludida de que el saludo no era para ella
La
mujer pidió un jugo y una ensalada de verduras y se sentó a dos mesas de ellos.
Mientras
tanto en la mesa de Antonieta y Germán hablaban de cosas triviales, parecía que
la presencia de aquella mujer había arruinado toda la magia del momento
¿Conoces
a esa mujer? – preguntó Antonieta a Germán
No –
dijo Germán
¿Y
por qué la saludas? – inquirió Antonieta
Por
educación – respondió Germán
A mi
más bien me parece que se iban los ojos por ella, ¿no podrías al menos
disimular? – señaló Antonieta
Germán
era muy coqueto, Antonieta daba por hecho de que después estaría persiguiendo a
esta nueva chica. Eran dichas actitudes las que desanimaban a Antonieta de dar
el siguiente paso. Era una de las cosas que tal vez no estaba dispuesta a soportar.
Antonieta
estaba muy triste. Hacía un mes que Germán no le llamaba ni le escribía. Lo
miraba todos los días en el trabajo pero el solo la saludaba y seguía de largo.
Antonieta
¿En qué estas pensando? – Dijo casi gritando su jefa – te estoy preguntando si
la cotización para el cliente ya está lista.
Si,
señora Soledad, ya está lista, disculpe no le escuché – respondió Antonieta
El
día en el trabajo pasó muy rápido, y ya tenía ganas de estar en casa
Recargó
su celular casi por inercia y lo miró, no sabía si llamarlo o mantenerse al
margen, tal vez si no le hacía caso, el terminaría por llamarla, pero no, no
podía contenerse para dejar de llamarlo, como podría hacerlo, si él era en lo
único en que pensaba desde el amanecer hasta el anochecer.
Marcó
el número y se quedó escuchando la música de espera, el contestó y le dijo que
enseguida le devolvería la llamada.
Claro,
con otra, debe de estar con otra, por eso no podía contestarle, sospechaba
Antonieta en su interior, aunque se negaba a aceptarlo.
A
los 10 minutos sonó el celular de Antonieta.
Antonieta
contestó de inmediato.
Aló Germán,
llamaba para ver como estas, ¿Porqué no me has llamado? ¿Cuándo te veré de
nuevo?
Si
Antonieta lo siento, estaba conversando con unos amigos, he estado muy ocupado
trabajando, pero ¿qué te parece si nos vemos este domingo? ¿Qué te parece a las 2 de la tarde en el restaurante
de siempre? – concretó Germán
Bueno
voy a ver si tengo tiempo, a ver no tengo nada en mi agenda el domingo,
entonces creo que estaré disponible, entonces nos vemos el domingo a las 2 –
afirmó Antonieta
Bueno,
entonces así quedamos preciosa, un beso, chau – reiteró Germán
Un
beso más grande para ti Germán, ahí nos vemos, chau – se despidió Antonieta y
colgó el celular
Al
día siguiente, en el trabajo, Antonieta no podía dejar de cantar, ni de
brincar, era sumamente feliz, la verdad es que no sabía que la iba a pasar
mejor esperando el domingo a lo que lo iba a pasar en la cita.
Lo
que si notó en la hora del almuerzo es que Rosenda, la antigua enamorada de
Germán estaba en la mesa del fondo con cara de tristeza, como si algo le
hubiera pasado. ¿Qué extraño? Nunca la había visto tan decaída – pensó para sí
Antonieta.
Antonieta
no era muy amiga de Rosenda porque ella era algo vanidosa y casi ni le dirigía
la palabra.
Después
de la hora del almuerzo, todas las chicas se iban al vestidor de mujeres a
guardar sus loncheras y a lavarse los dientes, pero Antonieta estaba un poco
retrasada, así que entró después de Rosenda. Al ver el abrigo que Rosenda
siempre colgaba en la parte de afuera de su locker, se dio cuenta de que su
celular sobresalía de uno de sus bolsillos, parecía que se lo había olvidado.
Esta era la oportunidad de Antonieta de confirmar sus sospechas, miró alrededor
y no vio a nadie. Así que se dispuso a revisar el celular de Rosenda. Y los
mensajes del celular le hicieron corroborar que era verdad, que Germán seguía
con Rosenda y le había mentido. Muchos mensajes de amor de parte del celular de
Germán, que aunque el número no estaba grabado con su nombre, era el número de
celular de Germán, ella conocía exactamente el número, y había uno en especial en
el que él le escribía diciéndole que este domingo no podía verla porque tenía
que llevar a su mascota al veterinario. ¿Qué pensaba que Antonieta era su
mascota? Antonieta estaba petrificada
frente a tales mensajes. Recordó cómo un día él le lloró de rodillas
(literalmente), pidiéndole que no termine con él, que era mentira que el ya
había terminado con Rosenda, y ahora hasta le miente a su novia para encontrarse
con ella.
Claro
que el domingo no iría a verlo, claro que lo dejaría plantado, era lo mínimo
que se merecía, claro el nunca contó con que Antonieta viera el celular de
Rosenda.
Puso
el celular en su sitio con mucho cuidado y salió del vestidor, estaba enojada,
triste y enfurecida, pero tenía que disimularlo, no podía hacer que la
despidieran del trabajo por una escena de celos, esto era de lo que se
aprovechaba Germán, pero Antonieta se juró que esta vez no le creería nada ni
aunque viniera llorando.
Continuará………
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